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Hagamos el amor con la ropa. Parte II

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Uno de estos días pasados, estaba sentada sola en un café y se me acercó de repente un hombre. Señorita, ¿puedo decirle algo? Levanté la mirada de lo que leía y le respondí: sí claro, dígame: “usted es una mujer bonita, tengo rato viéndola y no quería irme sin decírselo”. Me limité a sonreír, a mirarlo fijamente y le agradecí el hecho de atreverse a acercarse sin conocerme y decirlo de una manera bonita y respetuosa, como lo denotaba su expresión corporal y su mirada. Es un simple acto, pero no todos lo hacen.    Mientras él se alejaba yo pensaba: éste si que ve con los ojos del espíritu. Y no, no quiero que parezca falsa modestia de mi parte, pero las mujeres definitivamente sabemos cuando estamos brillando junto al sol, o cuando lo dejamos haciendo el trabajo solo, y era uno de esos días. Yo quería pasar desapercibida, me vestí sin verme en el espejo, cero maquillajes, cabello recogido y sabía que estaba tan bonita como la ogra Fiona, pero no me importaba para nada, qu...

Él me mintió

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Antes de cumplir mi primer año viviendo en Colombia, tuve un trabajo de medio tiempo en una oficina. El ingreso de dinero que me generaba era poco, así que estaba en la búsqueda de uno nuevo. Alguien cercano, que sabía de mi necesidad, le dio mi número a un hombre que estaba buscando a una chica para que trabajara con su papá como recepcionista del centro comercial que éste gerenciaba.  En cuanto mi conocido me dijo que había dado mi número para una posible oportunidad de trabajo, me alegré mucho y le metí toda la fe al asunto.  Al día siguiente, el hijo del gerente me llamó para invitarme a la entrevista con su papá, a lo que yo respondí que en ese momento no podía porque estaba trabajando, pero que en la tarde si iría. Como era elocuente vía telefónica, entre palabra y palabra le dije donde trabajaba yo y comentó: que casualidad, estoy cerca, yo vivo por esta zona y antes de irme al centro comercial, paso por allí y hablamos personalmente. Así quedamos. Al cabo ...

Viaja ligero corazón

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Estaba haciéndole limpieza general a mi clóset, no precisamente por ser fin de año y comienzo de otro, sino porque realmente es un hábito que practico.  Tengo una fuerte inclinación a sacar constantemente todo lo que ya no me sirve, o aún sirve, pero ya no para mí, porque hay más. Cada miércoles y sábado pasa el camión de aseo por mi casa y siento un gozo inexplicable desde que abro los ojos, por el solo hecho de saber que ese día se irá la basura. Mientras ordenaba la ropa, revisaba cada prenda detalladamente, y disfrutaba sacando lo que iba a regalar o vender, con la firme e inalterable convicción de que así mismo entrarán otras nuevas, modelos que no he usado antes, más lindos que los pasados, más acordes al gusto que manejo en el momento, en fin, es una tarea que me da placer, depurar y ordenar mi clóset.  Estando en esta faena, llegó a mí, la divina frase generadora de este contenido: " viaja ligera " y me retumbaba muy fuerte la importancia de depurar algo ...

No, y punto.

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"Tú problema es que no sabes poner límites". Esa frase me cayó como una patada en el hígado. Sentí molestia al escucharla y pensé: pero si yo tengo una maestría en ponerle límites a las personas, no cualquiera entra en mi proxemia. Quienes me conocen saben que si tengo que decirle a alguien no, pues se lo digo sin ninguna complicación.  Así que no entendía la razón de aquella frase.  Por lo tanto, estaba más que lista para desechar aquella observación que me había hecho esa persona.  Cuando de pronto me vinieron como una película, con protagonistas y todo, aquellos momentos importantes en los que debí decir no y simplemente no lo hice. Hace algún tiempo, accedí a entrar en una relación de noviazgo, en la que, aunque había sentimientos, había también cero ganas de mi parte de querer hacerlo, sin embargo, movida por la terrible manipulación de parte de unos (tema para otro escrito), y principalmente debido a mi falta de identidad, lo hice. Si, en ese tiemp...