Uno de estos días pasados, estaba sentada sola en un café y se me acercó de repente un hombre. Señorita, ¿puedo decirle algo? Levanté la mirada de lo que leía y le respondí: sí claro, dígame: “usted es una mujer bonita, tengo rato viéndola y no quería irme sin decírselo”. Me limité a sonreír, a mirarlo fijamente y le agradecí el hecho de atreverse a acercarse sin conocerme y decirlo de una manera bonita y respetuosa, como lo denotaba su expresión corporal y su mirada. Es un simple acto, pero no todos lo hacen. Mientras él se alejaba yo pensaba: éste si que ve con los ojos del espíritu. Y no, no quiero que parezca falsa modestia de mi parte, pero las mujeres definitivamente sabemos cuando estamos brillando junto al sol, o cuando lo dejamos haciendo el trabajo solo, y era uno de esos días. Yo quería pasar desapercibida, me vestí sin verme en el espejo, cero maquillajes, cabello recogido y sabía que estaba tan bonita como la ogra Fiona, pero no me importaba para nada, qu...
By Marianny Hernández