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Lo que sangra, sana.

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Esta historia no es mía, únicamente. No es una vieja historia, al contrario, es de hoy, de ayer y posiblemente de mañana. Esta vez, escribiremos dos.  ¿Les pasa que creen que están soñando, pero no lo están realmente? es algo así como medio dormidos, medio despiertos, o en el espíritu, no lo sé.  Recientemente estaba en medio de tal escenario y mi petición (frecuente, por si acaso) era: por favor sana mi corazón, lo necesito limpio y fuerte, sana las heridas que están sangrando.  Acto seguido, una frase retumbó en mi interior:  "LO QUE SANGRA, SANA HIJA".  Abrí mis ojos y algo acabó. Y algo inició.  Mi primera reacción fue irme al buscador e investigar sobre la sangre, y en ese momento volvió la voz y me dijo: quédate, yo te explico. Cerré el buscador y me quedé, me quedé con él y fue hermoso. Me decía: hija, si sangra es porque hay vida, nadie que esté muerto puede hacerlo. Si hay vida, estoy yo, y si estoy yo, hay esperanza. Deja que sangre, deja que fluy...

Quédate conmigo

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De camino al colegio para buscar a mi sobrino más pequeño,  vi el reloj y noté que iba sobre la hora, así que aceleré el paso y luego decidí correr.  Me veía bastante rara en el centro con tantas personas y en pleno mediodía, pero honestamente no era algo que me interesara en ese momento; yo iba pendiente de que el niño no saliera antes de mi llegada.  Ya notarán en mis escritos que mis sobrinos son fuente de inspiración para mi, así como también que vivo con monólogos y diálogos internos, y en efecto, comencé un diálogo mientras corría.  Pregunté, ¿Por qué me angustia que ellos salgan de clases, especialmente el más pequeño, y no vea a nadie conocido? Incluso si son segundos de retraso, no me gusta.  Y enseguida  esa voz interna que sabes que no es la tuya precisamente, pero que te da tal claridad, que disipa toda confusión, me respondió: "te angustia que él sienta lo que tú sentiste." Y fue allí cuando me trasladó el pensamiento a mi cumpleaños número 5, ...

Te amo, pero no te lo digo

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Mi sobrino, de 7 años, pidió hacer una videollamada por el grupo de la familia para comunicarnos a todos algo importante: "estoy enamorado; y ella también de mi, su amiga me lo dijo, que yo le gusto." El asunto todavía lo estoy digiriendo (pero ese es otro tema). Pasaron los días y yo recordaba lo que dijo, llegué a admirar la inocencia, naturalidad y desinhibición de mi sobrino al comunicarlo. Pensé: tan bello mi niño, como es de directo y libre para expresarse, que bonito.  Enseguida vino un pensamiento cruel pero aterrizado: no le han roto el corazón y por eso le sale tan natural. Me recordó por qué debemos ser como niños.  Seguí ahondando en el asunto y me topé con el rechazo, el que damos y el que recibimos. Al final se vuelve una cadena.  Rompemos y nos rompen, sin querer y queriendo  En fracción de segundos me fui al pasado. Cuando tenía 13 años, a mi buen amigo de esa época se le ocurrió declararme su amor delante de todos y con una rosa en la mano. Allí qued...

Aquí y ahora, para no volverme loca.

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A finales de octubre del 2017, estaba sola en una habitación de hotel esperando un vuelo que salía a primera hora del día siguiente para viajar a Colombia. Esa noche previa la recuerdo con mucho desazón, me visitó el peor miedo que he sentido hasta ahora, apenas entendible, con todos los cambios que se me avecinaban. Eso pensé.   3 años después, terminando diciembre, me desperté cerca de las 4 am, y en vez de buscar el sueño nuevamente, me desvelé y encima me angustié, entré en un estado terrible de ansiedad y miedo.  Para el mes de octubre del año siguiente, iba en un bus y mientras miraba por la ventanilla, mi mente volaba por otro lado y cuando reparé era porque quería pegar gritos y bajarme corriendo de ese bus. Nuevamente sentí miedo, ansiedad y mucha desesperación. La ley de ¨causa y efecto¨ Con el paso del tiempo me empeñé en saber qué hice o qué no hice para llegar a esos episodios, cuál fue la causa de tales efectos y así evitarlo a futuro.  Me pas...