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Viaja ligero corazón

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Estaba haciéndole limpieza general a mi clóset, no precisamente por ser fin de año y comienzo de otro, sino porque realmente es un hábito que practico.  Tengo una fuerte inclinación a sacar constantemente todo lo que ya no me sirve, o aún sirve, pero ya no para mí, porque hay más. Cada miércoles y sábado pasa el camión de aseo por mi casa y siento un gozo inexplicable desde que abro los ojos, por el solo hecho de saber que ese día se irá la basura. Mientras ordenaba la ropa, revisaba cada prenda detalladamente, y disfrutaba sacando lo que iba a regalar o vender, con la firme e inalterable convicción de que así mismo entrarán otras nuevas, modelos que no he usado antes, más lindos que los pasados, más acordes al gusto que manejo en el momento, en fin, es una tarea que me da placer, depurar y ordenar mi clóset.  Estando en esta faena, llegó a mí, la divina frase generadora de este contenido: " viaja ligera " y me retumbaba muy fuerte la importancia de depurar algo ...

No, y punto.

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"Tú problema es que no sabes poner límites". Esa frase me cayó como una patada en el hígado. Sentí molestia al escucharla y pensé: pero si yo tengo una maestría en ponerle límites a las personas, no cualquiera entra en mi proxemia. Quienes me conocen saben que si tengo que decirle a alguien no, pues se lo digo sin ninguna complicación.  Así que no entendía la razón de aquella frase.  Por lo tanto, estaba más que lista para desechar aquella observación que me había hecho esa persona.  Cuando de pronto me vinieron como una película, con protagonistas y todo, aquellos momentos importantes en los que debí decir no y simplemente no lo hice. Hace algún tiempo, accedí a entrar en una relación de noviazgo, en la que, aunque había sentimientos, había también cero ganas de mi parte de querer hacerlo, sin embargo, movida por la terrible manipulación de parte de unos (tema para otro escrito), y principalmente debido a mi falta de identidad, lo hice. Si, en ese tiemp...

Lo que sangra, sana.

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Esta historia no es mía, únicamente. No es una vieja historia, al contrario, es de hoy, de ayer y posiblemente de mañana. Esta vez, escribiremos dos.  ¿Les pasa que creen que están soñando, pero no lo están realmente? es algo así como medio dormidos, medio despiertos, o en el espíritu, no lo sé.  Recientemente estaba en medio de tal escenario y mi petición (frecuente, por si acaso) era: por favor sana mi corazón, lo necesito limpio y fuerte, sana las heridas que están sangrando.  Acto seguido, una frase retumbó en mi interior:  "LO QUE SANGRA, SANA HIJA".  Abrí mis ojos y algo acabó. Y algo inició.  Mi primera reacción fue irme al buscador e investigar sobre la sangre, y en ese momento volvió la voz y me dijo: quédate, yo te explico. Cerré el buscador y me quedé, me quedé con él y fue hermoso. Me decía: hija, si sangra es porque hay vida, nadie que esté muerto puede hacerlo. Si hay vida, estoy yo, y si estoy yo, hay esperanza. Deja que sangre, deja que fluy...

Quédate conmigo

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De camino al colegio para buscar a mi sobrino más pequeño,  vi el reloj y noté que iba sobre la hora, así que aceleré el paso y luego decidí correr.  Me veía bastante rara en el centro con tantas personas y en pleno mediodía, pero honestamente no era algo que me interesara en ese momento; yo iba pendiente de que el niño no saliera antes de mi llegada.  Ya notarán en mis escritos que mis sobrinos son fuente de inspiración para mi, así como también que vivo con monólogos y diálogos internos, y en efecto, comencé un diálogo mientras corría.  Pregunté, ¿Por qué me angustia que ellos salgan de clases, especialmente el más pequeño, y no vea a nadie conocido? Incluso si son segundos de retraso, no me gusta.  Y enseguida  esa voz interna que sabes que no es la tuya precisamente, pero que te da tal claridad, que disipa toda confusión, me respondió: "te angustia que él sienta lo que tú sentiste." Y fue allí cuando me trasladó el pensamiento a mi cumpleaños número 5, ...

Te amo, pero no te lo digo

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Mi sobrino, de 7 años, pidió hacer una videollamada por el grupo de la familia para comunicarnos a todos algo importante: "estoy enamorado; y ella también de mi, su amiga me lo dijo, que yo le gusto." El asunto todavía lo estoy digiriendo (pero ese es otro tema). Pasaron los días y yo recordaba lo que dijo, llegué a admirar la inocencia, naturalidad y desinhibición de mi sobrino al comunicarlo. Pensé: tan bello mi niño, como es de directo y libre para expresarse, que bonito.  Enseguida vino un pensamiento cruel pero aterrizado: no le han roto el corazón y por eso le sale tan natural. Me recordó por qué debemos ser como niños.  Seguí ahondando en el asunto y me topé con el rechazo, el que damos y el que recibimos. Al final se vuelve una cadena.  Rompemos y nos rompen, sin querer y queriendo  En fracción de segundos me fui al pasado. Cuando tenía 13 años, a mi buen amigo de esa época se le ocurrió declararme su amor delante de todos y con una rosa en la mano. Allí qued...

Aquí y ahora, para no volverme loca.

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A finales de octubre del 2017, estaba sola en una habitación de hotel esperando un vuelo que salía a primera hora del día siguiente para viajar a Colombia. Esa noche previa la recuerdo con mucho desazón, me visitó el peor miedo que he sentido hasta ahora, apenas entendible, con todos los cambios que se me avecinaban. Eso pensé.   3 años después, terminando diciembre, me desperté cerca de las 4 am, y en vez de buscar el sueño nuevamente, me desvelé y encima me angustié, entré en un estado terrible de ansiedad y miedo.  Para el mes de octubre del año siguiente, iba en un bus y mientras miraba por la ventanilla, mi mente volaba por otro lado y cuando reparé era porque quería pegar gritos y bajarme corriendo de ese bus. Nuevamente sentí miedo, ansiedad y mucha desesperación. La ley de ¨causa y efecto¨ Con el paso del tiempo me empeñé en saber qué hice o qué no hice para llegar a esos episodios, cuál fue la causa de tales efectos y así evitarlo a futuro.  Me pas...

Tu eslabón perdido existe, sal y encuéntralo!

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  Recientemente retiraron las boletas de calificaciones de mis sobrinos y eso me remontó a mis tiempos de escuela.  En aquel entonces estaba convencida (y ahora más) de que los maestros y sus números para calificar no me definían, no determinaban quién soy, ni las capacidades que tengo, ni lo lejos que puedo llegar. Solo eran números y calificativos subjetivos. No se enojen mis amigos maestros, también estuve en el gremio, y pensaba igual. Muchos son extraordinarios y le suman al ser del estudiante, pero otros, no tanto.  En fin, no recuerdo haber sido sobresaliente en mis notas, parecía una montaña rusa y mi mamá así me lo decía, pero yo estaba segura de mi inteligencia selectiva.  Nunca repetí de grado, pero en 8vo me quedaron para el segundo período: 5 materias (todas eran numéricas). Hoy me río, pero en aquel momento se me bajó la tensión y me desmayé cuando iba a contárselo a mi mamá. No sabía cómo reaccionaría. Volví en si cuando vi su respuesta relajada. No er...